Por Chechy Rosado | Malanga Radio
Hay músicos que llegan a una orquesta buscando un escenario y hay otros que, con el paso de los años, terminan convirtiendo cada escenario en una parte de su propia historia. En el Caribe colombiano, donde la música muchas veces comienza en una esquina, en una escuela, en una reunión familiar o alrededor de un instrumento que alguien pone en las manos de un niño o de un joven, las trayectorias artísticas tienen una manera particular de construirse: se alimentan de encuentros, de maestros, de agrupaciones, de viajes, de aprendizajes y, sobre todo, de esa voluntad silenciosa de seguir creyendo en el oficio incluso cuando el camino obliga a comenzar de nuevo. La historia de Robert Piocuda pertenece precisamente a esa estirpe de músicos que han entendido que una carrera no se mide únicamente por los discos grabados o por los nombres de las agrupaciones en las que se ha participado, sino por la capacidad de permanecer, aprender y continuar aportándole a la música desde diferentes lugares.
Nacido en Barranquilla el 13 de junio de 1976, Robert Piocuda lleva actualmente 35 años de experiencia musical y su recorrido comenzó desde una formación que resulta significativa para comprender la disciplina con la que posteriormente asumiría su carrera: a los 17 años inició estudios de percusión y guitarra en la Escuela de Bellas Artes de Barranquilla, un espacio que le permitió acercarse técnicamente a la música y descubrir que detrás de cada interpretación existe también un proceso de formación, escucha y dedicación.
Su debut profesional como conguero llegó en 1993, cuando integró el grupo Génesis del Centro Social Don Bosco, bajo la dirección de Julio César Lobo, en una experiencia que tuvo además un significado especial porque allí participó en la apertura de un concierto del cantante católico Martín Valverde en Barranquilla. Ese primer acercamiento a los escenarios sería apenas el comienzo de un camino que con el tiempo lo llevaría a moverse entre diferentes lenguajes de la música popular y tropical, pasando de la percusión al canto y construyendo una versatilidad que se convertiría en una de las características de su trayectoria.
Durante diez años hizo parte como corista y percusionista de la Orquesta La Nota del maestro Pedro Biava, una etapa extensa que habla de permanencia y de oficio, pero que también permite entender cómo un músico va construyendo su identidad mientras aprende de las dinámicas de una agrupación. Posteriormente acompañó a la Orquesta La Playa de Quique Giraldo y al Grupo Scala del licenciado David E. Mejía, recorriendo buena parte del territorio nacional durante más de dos décadas, una experiencia que le permitió conocer de cerca la diversidad de públicos, escenarios y maneras de vivir la música que existen en Colombia.
En esa misma ruta aparece una relación importante con el folclor y con los sonidos del Caribe. Robert integró Cumbia Caribe, bajo la dirección de Pedro Tapias Reales, y participó en la grabación del sencillo folclórico “Chimbirilín (La Perra)” en 1999. También fue primer cantante de La Charanga del Sur, mientras continuaba desarrollando su faceta vocal y participando como corista y cantante en diferentes grabaciones de artistas locales y nacionales.
Para quienes conocemos la vida cultural de Barranquilla y sabemos que una ciudad musical no se construye solamente desde sus grandes tarimas, sino también desde los músicos que durante años acompañan procesos, agrupaciones y proyectos que muchas veces no alcanzan los titulares, la historia de Robert resulta especialmente valiosa porque permite mirar la música desde otra perspectiva: la del artista que ha estado presente en distintos momentos y formatos, aprendiendo que ser músico también significa saber acompañar, escuchar, adaptarse y permanecer dispuesto a asumir nuevos desafíos.
Su trayectoria también lo llevó fuera de Colombia. En la ciudad de Panamá participó como cantante en eventos privados junto a la Orquesta de Roberto Delgado, agrupación vinculada al universo musical de Rubén Blades y reconocida internacionalmente, una experiencia que conecta el recorrido de un músico barranquillero con circuitos musicales que trascienden las fronteras del país.
Pero quizás una de las dimensiones más interesantes de Robert Piocuda está en la manera en que su historia ha transitado entre la percusión y la voz. El músico que comenzó como conguero fue encontrando también en el canto una forma de expresión propia, hasta convertirse en intérprete de diferentes proyectos y agrupaciones, entre ellas Orquesta Sin Límite, Grupo Base de Barranquilla, del cual aparece como cofundador junto a Leo Lobelo, y la Orquesta Salsa Adulta de Richie Pla y Vizcaíno.
Esa capacidad de moverse entre diferentes espacios musicales también puede leerse como una expresión de la propia identidad barranquillera, una identidad que rara vez se queda encerrada en un solo género porque está acostumbrada a convivir con la salsa, la cumbia, la charanga, el son, el vallenato, la música tropical, la tradición oral y las nuevas búsquedas de los artistas. En esa diversidad, cada músico va encontrando su propia manera de contar el Caribe y, en el caso de Piocuda, la voz parece haberse convertido en una extensión natural de aquel primer instrumento que lo acompañó en sus comienzos.
Su faceta como compositor también merece atención. En 2018 fue nominado en dos ocasiones a los Premios Latinos del Mundo VIP, en Nueva York, por “Qué Dirán de Mí”, una salsa de su autoría, y por “Tu Mirada”, bachata del compositor Farith Donado. Años después continuó fortaleciendo su camino discográfico con “Bella y Completa”, lanzamiento de 2025, también de Farith Donado.
Y es precisamente desde esa versatilidad que Robert Piocuda presenta en 2026 “La Máquina de Cortar Tontos”, una balada que retoma como cover y transforma en una propuesta llevada al lenguaje de la charanga, incluida en el álbum Robert y Las Charangas. La elección resulta particularmente interesante porque habla de un intérprete que no entiende los géneros musicales como fronteras rígidas, sino como territorios que pueden dialogar entre sí cuando existe conocimiento del oficio y libertad para reinterpretar una canción desde otra identidad sonora. En sus manos, una balada encuentra una nueva lectura al entrar en el universo de la charanga, y ese ejercicio de adaptación permite reconocer una de las características que han acompañado su trayectoria: la capacidad de moverse entre la percusión, el canto, la salsa, la música tropical y ahora una propuesta que toma una canción conocida y la lleva hacia una sonoridad diferente.
“La Máquina de Cortar Tontos” adquiere entonces una dimensión especial dentro de Robert y Las Charangas, porque más que presentar una canción como si perteneciera originalmente a este formato, Robert propone una reinterpretación, un encuentro entre la sensibilidad de una balada y la energía, el movimiento y la identidad rítmica de la charanga. Es allí donde aparece nuevamente el músico versátil, el intérprete que después de 35 años de recorrido continúa buscando maneras de sorprender al público y de demostrar que la experiencia también puede convertirse en una herramienta para mirar una canción desde otro ángulo.
Compositor: Carlos Bravo
Vocalista: Roberto Piocuda
Co Productor: Rene Betancurt
Percusion y Coros: Emiro Santiago
En tiempos en los que muchas propuestas musicales buscan diferenciarse únicamente mediante la novedad, asumir un cover también puede ser una decisión artística cuando existe una intención clara detrás de la interpretación. Robert no se limita a repetir una canción: la lleva a su territorio musical y la presenta desde una estética que dialoga con su propia trayectoria.
Una balada convertida en charanga se convierte así en una oportunidad para encontrarse nuevamente con una canción desde otro ritmo, otra instrumentación y otra sensibilidad interpretativa.
Hay algo profundamente significativo en que un artista con más de tres décadas de experiencia continúe explorando nuevas posibilidades para su voz. En una industria que muchas veces parece obsesionada con la novedad inmediata, permanecer activo también significa conservar la capacidad de escuchar, reinterpretar y arriesgarse. En el caso de Robert Piocuda, “La Máquina de Cortar Tontos” representa justamente ese presente creativo: un artista que conoce sus raíces, pero que todavía se permite jugar con los lenguajes musicales para encontrar nuevas formas de comunicarse con el público.
Hoy Robert Piocuda desarrolla parte de su actividad musical en Estados Unidos, específicamente en ciudades como Pensilvania, Nueva York, Allentown y Bethlehem, donde canta con la Orquesta Hache de Héctor Rosado. Ese tránsito entre Barranquilla y Estados Unidos agrega otra dimensión a su historia: la de tantos músicos latinoamericanos que llevan consigo una memoria sonora que no desaparece cuando se cruza una frontera, sino que encuentra nuevos públicos y nuevas comunidades donde continuar viviendo.
Desde la mirada de una mujer que trabaja diariamente por la cultura y que ha aprendido que detrás de cada artista existe una historia que merece ser escuchada con respeto, hablar de Robert Piocuda también es hablar de esos músicos que sostienen la memoria musical de una ciudad sin necesidad de permanecer siempre en el centro de la fotografía. Son artistas que han acompañado procesos, han prestado su voz, han puesto sus manos sobre un instrumento, han recorrido carreteras, han cambiado de escenario y han aprendido a reinventarse sin abandonar las raíces que los hicieron músicos.
Robert Piocuda representa, en ese sentido, una generación que conoce el valor de la disciplina y que entiende que el talento necesita trabajo para convertirse en trayectoria. Su historia comenzó en una escuela de arte de Barranquilla, continuó entre congas, coros, orquestas y agrupaciones, se abrió a otros países y hoy permanece en movimiento, porque la música, cuando realmente hace parte de la vida de un artista, no entiende de edades ni de fronteras: encuentra siempre una nueva manera de hacerse escuchar.
Y quizás ahí está una de las enseñanzas más bonitas que deja su recorrido.
La carrera de un músico no siempre avanza en línea recta; algunas veces se construye como una canción que va sumando instrumentos, maestros, amigos, escenarios, pérdidas, aprendizajes y nuevas oportunidades hasta encontrar su propia armonía.
Robert Piocuda ha recorrido ese camino desde Barranquilla hasta otros territorios, llevando consigo algo que ningún escenario puede otorgar y ninguna frontera puede quitar: la memoria de haber nacido en una ciudad donde la música no es solamente una profesión, sino una manera de relacionarse con la vida.
Desde Malanga Radio, celebramos a los artistas que siguen creando, cantando y llevando nuestra identidad más allá del territorio, porque cada uno de ellos contribuye a que la cultura del Caribe continúe viajando, encontrando nuevos oídos y construyendo nuevas historias. Y hoy, con “La Máquina de Cortar Tontos”, Robert Piocuda suma una nueva página a una trayectoria que comenzó en Barranquilla, se alimentó de escenarios, orquestas, maestros y caminos recorridos, y que todavía tiene mucho por cantar.



