Por Chechy Rosado | Malanga Radio – Malanga Fundación Cultural Internacional
Día Mundial del Patrimonio Audiovisual: cuando las imágenes y los sonidos se convierten en memoria viva de nuestros pueblos
Cada 27 de octubre, el mundo recuerda que preservar una imagen, una voz o una grabación es también proteger la historia, la identidad y la memoria de las generaciones que nos precedieron. En el Caribe colombiano, donde la cultura se transmite al ritmo de los tambores, en las voces de los mayores y en las historias que habitan nuestros barrios, el patrimonio audiovisual es una ventana abierta a lo que somos.
Hay voces que el tiempo no debería borrar. Rostros que merecen permanecer en la memoria. Canciones que cuentan la historia de un pueblo y celebraciones que, aunque sucedieron hace décadas, siguen latiendo cuando volvemos a contemplar una fotografía, escuchar una grabación o descubrir una antigua imagen en movimiento.
En esos registros habita una parte invaluable de nuestra humanidad. El patrimonio audiovisual no está compuesto únicamente por películas, videos, fotografías, programas de radio o grabaciones sonoras; también reúne fragmentos de la vida que nos permiten reconocernos, comprender nuestras raíces y transmitir a las nuevas generaciones las experiencias que han dado forma a nuestras comunidades.
Por eso, cada 27 de octubre se conmemora el Día Mundial del Patrimonio Audiovisual, una fecha proclamada por la UNESCO en 2005 para sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de preservar los documentos audiovisuales. La elección del día recuerda un acontecimiento fundamental: el 27 de octubre de 1980, la Conferencia General de la UNESCO adoptó la Recomendación para la Salvaguardia y la Conservación de las Imágenes en Movimiento, un instrumento internacional que reconoció el valor cultural e histórico de estas obras. UNESCO.
La memoria también tiene sonido e imagen
Imagen Grabacion RIO ARRIBA con el Dr Tito Crissien
¿Qué sería de nuestra historia si no pudiéramos escuchar las voces que la contaron? ¿Cómo comprenderíamos la transformación de nuestras ciudades si perdiéramos las imágenes de sus calles, sus fiestas, sus personajes y sus costumbres?
Los documentos audiovisuales nos permiten acercarnos a épocas que no vivimos y conocer experiencias que difícilmente podrían transmitirse con la misma fuerza a través de las palabras. Una entrevista con un músico tradicional puede conservar sus conocimientos y su manera de interpretar el mundo. Una grabación radial puede revelar cómo se hablaba, qué se escuchaba y cuáles eran las preocupaciones de una comunidad. Una filmación de una celebración popular puede mostrar gestos, vestuarios, movimientos y expresiones que forman parte de una identidad colectiva.
Cada registro audiovisual es una huella del tiempo y una oportunidad para que la memoria continúe dialogando con el presente.
Sin embargo, esta memoria es frágil. Las cintas magnéticas se deterioran, las películas pueden dañarse, los equipos para reproducir antiguos formatos desaparecen y los archivos digitales también enfrentan riesgos relacionados con la obsolescencia tecnológica, la pérdida de información y la falta de sistemas adecuados de conservación.
Guardar un archivo, por tanto, no siempre significa preservarlo. Se necesita identificarlo, documentarlo, protegerlo, mantener copias seguras cuando sea posible y facilitar su consulta respetando los derechos de autor, la privacidad y la dignidad de las personas que aparecen en él. Preservar también significa garantizar que esos contenidos puedan seguir siendo conocidos y estudiados por las generaciones futuras.
El Caribe colombiano: un territorio que merece ser escuchado y visto
En Barranquilla y en los territorios del Caribe colombiano, la memoria audiovisual tiene un valor especial. Nuestra cultura está hecha de música, danza, oralidad, celebraciones, saberes populares y encuentros comunitarios que encuentran en la imagen y el sonido una forma poderosa de permanecer.
Pensemos en una grabación antigua de una rueda de cumbia, en el testimonio de un tamborero que aprendió su oficio de sus mayores, en la voz de una cantadora que conserva versos transmitidos durante generaciones o en las imágenes de un barrio que ha cambiado con el paso de los años. En cada uno de esos registros hay mucho más que un acontecimiento: hay una manera de habitar el territorio, de construir comunidad y de comprender la historia desde quienes la han vivido.
El patrimonio audiovisual permite que estas expresiones sean reconocidas más allá de los escenarios donde nacieron. También contribuye a visibilizar a los artistas, investigadores, gestores culturales, portadores de tradición y comunidades que sostienen la vida cultural de nuestros pueblos, muchas veces sin recibir el reconocimiento que merecen.
Conservar estas historias es reconocer que la cultura no pertenece únicamente a los grandes escenarios: también vive en las calles, las casas, las plazas, los patios y la memoria de la gente.
Por eso, resulta fundamental que las instituciones culturales, los medios de comunicación, las organizaciones comunitarias, los realizadores audiovisuales y la ciudadanía trabajen conjuntamente para identificar y proteger sus archivos. La memoria cultural necesita voluntad, recursos, conocimiento técnico y, sobre todo, una conciencia colectiva que entienda su valor.
Malanga Radio y la responsabilidad de contar nuestras historias
Desde Malanga Radio y Malanga Fundación Cultural Internacional asumimos la comunicación cultural como una oportunidad para conectar a las comunidades con sus expresiones, sus protagonistas y sus relatos. La radio, la fotografía, el video y los contenidos digitales pueden convertirse en puentes entre generaciones y en herramientas para reconocer la diversidad cultural del Caribe colombiano.
Cada entrevista, cada crónica, cada conversación con un artista y cada registro de una manifestación cultural puede contribuir a ampliar el conocimiento de nuestro territorio. Pero ese trabajo también nos invita a reflexionar sobre la responsabilidad que implica documentar: escuchar con respeto, contextualizar los testimonios, reconocer la autoría, cuidar los materiales y procurar que las historias sean contadas con dignidad y sensibilidad.
En esa misma dirección se proyecta RÍO ARRIBA: CARTOGRAFÍA VIVA DE LA CULTURA DE BARRANQUILLA, una iniciativa audiovisual orientada a la promoción del arte, la cultura y el patrimonio del Distrito. Su propósito de recorrer las historias culturales de la ciudad representa una oportunidad para acercarse a sus protagonistas, reconocer sus aportes y construir nuevos relatos sobre la identidad barranquillera.
Porque documentar la cultura no consiste solamente en encender una cámara. Significa comprender que detrás de cada imagen existe una persona, detrás de cada expresión artística hay un proceso y detrás de cada tradición hay conocimientos que merecen ser escuchados, contextualizados y transmitidos.
El desafío no termina cuando se publica un video o se comparte una grabación en redes sociales. También está en preguntarnos cómo conservar esos materiales, cómo organizarlos para que puedan encontrarse en el futuro y cómo garantizar que las comunidades protagonistas puedan reconocerse en ellos.
2026: “Su ventana al mundo”
Para la conmemoración de 2026, la UNESCO propone el lema “Su ventana al mundo”, que destaca la capacidad del patrimonio audiovisual para conectar sociedades y favorecer la comprensión entre culturas. La imagen de una ventana resulta especialmente significativa: nos permite mirar más allá de nuestra experiencia inmediata, descubrir otras realidades y comprender que la diversidad humana constituye una riqueza compartida. UNESCO, Día Mundial del Patrimonio Audiovisual 2026.
Una ventana también permite mirar hacia adentro. Cuando observamos las imágenes de nuestra propia historia, podemos descubrir cuánto hemos cambiado, qué hemos conservado y cuáles son las voces que todavía necesitan un lugar en el relato colectivo.
En tiempos de circulación acelerada de contenidos, cuando miles de imágenes y sonidos aparecen cada día en las pantallas, la preservación audiovisual adquiere una nueva dimensión. No basta con producir más contenido: es necesario reconocer su valor, verificar su contexto, protegerlo y evitar que los registros significativos se pierdan entre la velocidad de lo inmediato.
La tecnología ofrece nuevas posibilidades para digitalizar, restaurar, organizar y compartir archivos. Sin embargo, ninguna herramienta reemplaza el criterio humano, la investigación ni el compromiso de quienes comprenden que la memoria merece cuidado.
¿Cómo podemos contribuir a preservar el patrimonio audiovisual?
La protección de esta memoria también puede comenzar en nuestros hogares, comunidades y organizaciones culturales. Algunas acciones sencillas pueden marcar una diferencia:
- Identificar y organizar fotografías, videos y grabaciones antiguas, anotando fechas, lugares, nombres y circunstancias cuando se conozcan.
- Conservar los archivos originales y realizar copias digitales de seguridad, verificando periódicamente que puedan abrirse y reproducirse.
- Compartir historias con contexto, indicando quién aparece en los registros, qué acontecimiento documentan y quién es su autor cuando se conozca.
- Consultar a las personas protagonistas y sus familias, especialmente antes de publicar materiales privados o testimonios sensibles.
- Acudir a archivos, bibliotecas, museos e instituciones especializadas cuando se necesite orientación para proteger materiales históricos.
- Promover proyectos de memoria comunitaria, entrevistas intergeneracionales y registros responsables de las manifestaciones culturales locales.
Cada una de estas acciones contribuye a que los testimonios no desaparezcan y a que las futuras generaciones puedan conocer las historias que dieron forma a su territorio.
La memoria que dejamos también cuenta quiénes somos
El Día Mundial del Patrimonio Audiovisual nos recuerda que una sociedad no se construye únicamente con los acontecimientos que vive, sino también con la capacidad de conservarlos, interpretarlos y compartirlos. Las imágenes y los sonidos nos permiten volver sobre nuestros pasos, escuchar a quienes estuvieron antes y reconocer el valor de las experiencias que conforman nuestra identidad.
En el Caribe colombiano, donde tantas historias se transmiten a través de la música, la oralidad y la celebración colectiva, preservar el patrimonio audiovisual es también una manera de honrar a nuestros mayores, reconocer el trabajo de nuestros artistas y abrirles espacio a las voces que todavía están construyendo la historia.
Desde Malanga Radio y Malanga Fundación Cultural Internacional, la invitación es a mirar nuestros archivos con nuevos ojos, escuchar con atención las voces de nuestras comunidades y comprender que cada testimonio cultural puede convertirse en una herencia para el futuro.
Porque llegará el día en que quienes hoy cantan, bailan, narran y crean ya no estén físicamente presentes. Entonces, las imágenes, las voces y los sonidos que hayamos sabido conservar podrán ayudarnos a encontrarlos de nuevo, a comprender su legado y a transmitirlo a quienes vienen detrás.
La memoria no se conserva sola: necesita manos que la cuiden, voces que la compartan y comunidades que comprendan su valor.
Y mientras exista alguien dispuesto a escuchar una historia, mirar una imagen con respeto y reconocer en ella una parte de su identidad, el patrimonio audiovisual seguirá siendo mucho más que un archivo: será una forma de mantener viva la memoria de nuestros pueblos.
Malanga Radio | Malanga Fundación Cultural Internacional
La cultura se cuenta, se escucha y se comparte.



