HISTORIAS DE LA SALSA 

Por Chechy Rosado | Malanga Radio

Hay algo que he aprendido después de tantos años caminando al lado de artistas, escuchando sus historias, acompañando sus carreras y viendo lo que ocurre cuando se apagan las luces: un artista nunca es solamente lo que vemos sobre un escenario.

Detrás de una canción hay noches sin dormir, decisiones difíciles, dudas, sacrificios, familias que esperan, sueños que muchas veces parecen demasiado grandes y una necesidad profunda de encontrar un lugar propio dentro de la música.

Por eso,

cuando escucho hablar de Motiff, no pienso solamente en el productor venezolano que ha trabajado con grandes nombres de la música latina. Pienso en el hombre que decidió hacer de la música una forma de vida y que, de alguna manera, ha encontrado en la salsa un territorio donde sus raíces, sus influencias y sus inquietudes pueden encontrarse.

Porque Motiff no llegó a la salsa desde afuera. La salsa también estaba en su casa.

Su padre fue percusionista de La Billo’s Caracas Boys, y esa cercanía temprana con la música seguramente dejó esas huellas que no necesitan explicación. Hay sonidos que uno aprende antes de saber que los está aprendiendo. Ritmos que se quedan en el cuerpo. Canciones que terminan formando parte de la memoria familiar.

Y quizás por eso, cuando Motiff habla de sus influencias aparecen nombres que para cualquier salsero significan historia: Héctor Lavoe, La Fania, Celia Cruz, Tito Puente, Oscar D’León. No son solamente referencias musicales. Son maestros.

Son generaciones enteras que entendieron que la salsa podía contar la alegría, pero también la tristeza; podía hablar de amor, de barrio, de migración, de resistencia, de identidad y de esa manera tan nuestra de bailar incluso cuando la vida no siempre da motivos para hacerlo.

Su trayectoria como productor y compositor lo ha llevado a trabajar con figuras de enorme reconocimiento de la música latina, entre ellas Marc Anthony, Gloria Estefan, Jennifer López, Pitbull, Gente de Zona, Chayanne, Natalia Jiménez y otros grandes nombres de la industria. También ha acumulado reconocimientos como Latin Grammy, Premio Lo Nuestro, Latin American Music Award y Billboard Latin Music Award.

Sin embargo, hay algo que me interesa más que la lista de nombres. La manera en que Motiff ha utilizado ese recorrido para volver a mirar hacia la salsa.

Un productor también cuenta historias

A veces el público piensa que el productor está detrás de la consola y que su trabajo termina cuando la canción queda grabada.

Pero quienes hemos acompañado procesos artísticos sabemos que no es así.

Un productor escucha lo que el artista todavía no sabe cómo decir. Ayuda a encontrar una voz, una identidad, una dirección. Decide cuándo una canción necesita más fuerza y cuándo necesita silencio. Puede transformar una idea que llega incompleta en una pieza que termina viajando por el mundo. En la trayectoria de Motiff hay precisamente esa capacidad.

Ha trabajado como productor y compositor junto a importantes figuras de la música latina, participando en proyectos que cruzan géneros, generaciones y públicos. Pero quizás uno de los aspectos que más me interesa de su recorrido es su decisión de no quedarse únicamente detrás de los grandes nombres. También quiso mirar hacia quienes vienen llegando. Hacia esos muchachos y muchachas que tienen talento, pero que muchas veces necesitan una oportunidad, una puerta abierta, alguien que crea en ellos.

La Salsa de Ahora: mirar hacia adelante sin olvidar de dónde venimos

De esa inquietud nació Salsa de Ahora, un proyecto que reunió a nuevas voces de la salsa y buscó generar alianzas entre artistas de una generación que está intentando encontrar su propio sonido. En los últimos años, Motiff ha asumido una tarea que trasciende la producción de una canción. Ha comenzado a construir una conversación alrededor de una nueva generación de salseros.

Allí aparecen nombres como Luis Figueroa, Jonathan Moly, Nesty, Ronald Borjas, Daniela Darcourt y Jimmy Rodríguez, entre otros.

Y aquí hay algo que merece ser reconocido. Porque impulsar una nueva generación no significa borrar la anterior. Al contrario.

Significa entender que la tradición solamente permanece viva cuando alguien se atreve a tomarla entre las manos y preguntarse qué puede hacer con ella. Eso es lo que me interesa de Motiff. Su manera de mirar la salsa no parece estar atrapada en la nostalgia.

La respeta. La conoce.La escucha. Pero también quiere conversar con ella. Y esa conversación es necesaria.

Porque la salsa que conocieron nuestros padres no puede ser exactamente la misma que escuchan nuestros hijos. Cambian las ciudades, cambian las relaciones, cambian las formas de comunicarnos, cambian los sonidos y hasta cambia la manera de enamorarnos. Lo que no debería cambiar es la capacidad de la salsa para hacernos sentir algo.

Motiff ha construido buena parte de su reconocimiento precisamente desde ese lugar. Pero en su acercamiento a la salsa ha comenzado a ocupar otro papel: el de puente.

Un puente entre generaciones, entre Venezuela, Puerto Rico, Colombia y otros territorios donde la salsa sigue siendo una manera de vivir. Entre los maestros que construyeron el género y los jóvenes que hoy están intentando escribir el siguiente capítulo.

Tuve la oportunidad de entrevistarlo en LO QUE DICE CHECHY, y gracias a un gran amigo en común Colombiano,  Marlon Renhals musico, cantante y consul  de Cartagena, fue tan humilde, sencillo, maravilloso que dejo una huella de un artista que mas alla es un ser lleno de gratitud, de un corazòn bondadoso, y con un llamado a apoyar a los nuevos talentos desde su esquina.

Detrás de “Bochinchero” también hay una historia de respeto

En 2026, Motiff vuelve a encontrarse con una de las grandes voces de la salsa: Tito Nieves, con “Bochinchero”, una canción compuesta y arreglada por Motiff. Y hay encuentros musicales que tienen un significado especial. Porque cuando una generación se encuentra con otra no solamente se graba una canción. Se produce un diálogo. Un intercambio de experiencias. Un puente. Tito Nieves representa una historia inmensa dentro de la salsa. Motiff representa, desde otra perspectiva, esa generación de creadores que está buscando nuevas maneras de llevar el género hacia adelante.

Que ambos coincidan en una producción como esta tiene algo bonito: la experiencia y la búsqueda de nuevos caminos sentadas en la misma mesa. Eso, para quienes amamos la salsa, tiene un valor que va más allá de una buena canción.

Motiff ha hablado de su admiración por Tito Nieves y de lo que significó encontrarse con una leyenda que, según sus propias palabras, terminó siendo todavía más impresionante desde la cercanía.

La salsa también necesita hombres y mujeres que se atrevan

En mi trabajo acompañando artistas salseros he aprendido que una carrera musical no se construye solamente con talento.

Hace falta resistencia y mucha.

Hay artistas que cantan extraordinariamente bien y, sin embargo, pasan años esperando una oportunidad. Hay compositores que tienen canciones maravillosas guardadas en una computadora. Hay músicos que ensayan mientras trabajan en otra cosa. Hay productores que apuestan por sonidos que todavía nadie entiende. Y hay momentos en los que todos ellos se preguntan si vale la pena continuar.

Por eso creo que hablar de Motiff solamente desde sus premios, sus colaboraciones o los nombres importantes que aparecen en su trayectoria sería quedarnos en la superficie.

Lo verdaderamente interesante está en la persistencia que hay detrás de una carrera. En seguir creyendo. En seguir buscando. En entender que una canción puede abrir una puerta que parecía cerrada. Y que un artista que encuentra su propia voz puede terminar ayudando a otros a encontrar la suya.

Venezuela también tiene una historia que contar en la salsa

Hablar de Motiff es también hablar de Venezuela.

Un país que ha aportado músicos extraordinarios a la música del Caribe y que tiene una historia profunda con la salsa, los metales, la percusión, las grandes orquestas y esa manera particular de entender el ritmo. Motiff lleva parte de esa memoria consigo. Pero también lleva la responsabilidad de una generación que ya no quiere solamente repetir lo que escuchó.

Quiere crear. Quiere experimentar. Quiere mezclarse con otros sonidos. Quiere hablarle al mundo.

Y eso explica, en buena medida, por qué su trabajo ha logrado moverse entre la salsa, la música urbana y otros lenguajes de la música latina sin perder completamente el vínculo con sus raíces.

Lo que más me interesa de Motiff

Después de tantos años observando artistas, hay algo que para mí tiene más valor que una cifra o un reconocimiento: la capacidad de dejarle algo a quienes vienen detrás.

Y allí encuentro una de las dimensiones más importantes de Motiff.

  • Su influencia sobre la nueva generación de la salsa no está solamente en las canciones que produce o compone.
  • Está también en demostrar que la salsa todavía puede ser contemporánea.
  • Que no tiene que vivir encerrada en una época.
  • Que un joven puede escuchar salsa, sentirse representado por ella y querer convertirla en su propio lenguaje.
  • Que los productores también pueden convertirse en protagonistas.
  • Y que detrás de cada nueva voz hay una posibilidad de renovar un género que, contra todos los pronósticos, sigue respirando.

Quizás ese sea uno de los grandes retos de quienes trabajamos alrededor de los artistas: no convertir la música en una pieza de museo.

La cultura necesita memoria, sí. Pero también necesita movimiento.

Motiff y esa salsa que todavía tiene futuro

Cuando escucho a las nuevas generaciones acercarse a la salsa, me gusta pensar que estamos frente a una conversación que apenas comienza.

Hay jóvenes que llegan desde el pop. Otros desde la música urbana. Otros desde la tradición familiar. Otros desde un barrio donde alguien puso un disco de Héctor Lavoe, Celia, Willie Colón u Oscar D’León y algo dentro de ellos hizo clic. Cada uno llega por una puerta diferente.

Y personas como Motiff ayudan a que esas puertas permanezcan abiertas. Por eso su historia merece ser contada más allá del productor, del compositor, del cantante o del artista.

La salsa también puede nacer de una canción inesperada

Motiff también ha demostrado que la salsa contemporánea puede aparecer donde uno menos la espera.

Un ejemplo es “Lunares”, canción de Servando y Florentino que originalmente nació concebida desde otro lenguaje musical y que, en manos de Motiff, tomó el camino de la salsa. El productor convirtió aquella melodía en una pieza salsera, demostrando que transformar una canción no significa traicionarla: a veces significa descubrir la música que estaba escondida dentro de ella. Eso es experimentar.

Y experimentar es también una manera de mantener viva una tradición. Porque una tradición que no puede dialogar con el presente corre el riesgo de convertirse solamente en recuerdo. La salsa, por fortuna, todavía está viva.

Merece ser contada desde el ser humano que decidió creer en la música.

Desde el venezolano que recibió el ritmo en casa y después salió a buscar su propio sonido. Desde el creador que entendió que honrar la salsa no significa repetirla. Desde el productor que también mira hacia quienes vienen detrás. Y desde ese hombre que, entre estudios, escenarios, canciones y proyectos, parece tener claro algo que para quienes amamos esta música resulta fundamental:

La salsa no está muriendo. Está cambiando de piel.

Y mientras existan artistas dispuestos a escuchar sus raíces, pero también a imaginar su futuro, habrá salsa para rato. Porque la salsa, como el Caribe, tiene memoria. Pero también tiene hambre de futuro.

Por Malanga Radio

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