Por Chechy Rosado | Gestora cultural y Dir Comercial | Malanga Radio
Cuba sonando desde Barranquilla para el Caribe.
Hay encuentros musicales que van mucho más allá de una presentación en una tarima porque, cuando una ciudad recibe sonidos que vienen de otras geografías y esos sonidos encuentran músicos, historias y sensibilidades que ya hacen parte de su propio territorio, lo que sucede sobre el escenario termina convirtiéndose también en una conversación entre culturas. Eso es precisamente lo que propone el cierre del Barranquilla Grande Big Band Fest, una celebración que durante cuatro días llevará a distintos espacios del Centro de Barranquilla el lenguaje de las grandes orquestas, el jazz, el swing y las sonoridades tropicales, con una programación que busca acercar este formato a nuevas generaciones y recuperar el espacio público como lugar de encuentro alrededor de la música.

Y en esa noche de cierre hay una historia que merece ser contada con especial atención: la de Pachalo’s Big Band, una agrupación de origen cubano que encontró en Barranquilla un lugar para echar raíces y que hoy está integrada mayormente por músicos locales, bajo la dirección del maestro Rafael Gavilán.
Ese detalle cambia la manera de mirar su presentación, porque no estamos solamente frente a una orquesta que conserva en su identidad una herencia cubana, sino ante un proceso musical que ha construido su presente desde esta ciudad, con músicos que conocen el pulso del Caribe, que viven sus calles, que escuchan sus músicas y que han hecho de Barranquilla parte fundamental de su experiencia artística.

Por eso, cuando Aymée Nuviola llegue como invitada especial acompañada por Pachalo’s Big Band, el encuentro tendrá una dimensión particularmente hermosa.
Nuviola representa una de las voces contemporáneas de la música cubana y su presencia junto a una orquesta dirigida por Rafael Gavilán permite imaginar una noche en la que la tradición cubana dialogará con una banda que ha desarrollado su propio camino en territorio barranquillero. El comunicado oficial ubica esta presentación como uno de los momentos centrales de la jornada del domingo 4 de octubre, en la Cancha de La Magdalena, donde Pachalo’s Big Band compartirá escenario con la propuesta de Yuri Buenaventura Big Band.
Hay algo profundamente significativo en que una agrupación de raíz cubana haya encontrado en Barranquilla un espacio para permanecer, crear y trabajar con músicos de la ciudad, porque el Caribe nunca ha entendido sus fronteras culturales como límites absolutos. Las músicas viajan, se encuentran, se transforman y vuelven a nacer en otros territorios sin perder necesariamente aquello que las hace reconocibles. En ese tránsito está buena parte de la riqueza de nuestra región, y Pachalo’s Big Band representa precisamente esa posibilidad de conservar una raíz mientras se construye una nueva identidad desde el lugar que la recibe.
El maestro Rafael Gavilán, al frente de la agrupación, aparece entonces como una figura fundamental dentro de este proceso. Dirigir una Big Band supone mucho más que organizar una serie de instrumentos y músicos sobre un escenario; implica trabajar con un lenguaje colectivo en el que cada sección, cada arreglo, cada entrada y cada silencio forman parte de una arquitectura sonora que solo adquiere sentido cuando todos escuchan al otro. En una ciudad como Barranquilla, donde la música hace parte de la vida cotidiana y donde las grandes orquestas han acompañado durante décadas las celebraciones populares, ese ejercicio adquiere una resonancia especial. Y agradezco infinitamente al director por permitirme ser parte de esta historia.
PACHALO’S BIG BAND: CUANDO UNA TIERRA SE CONVIERTE EN CASA
Hay historias musicales que también son historias de migración, de encuentros y de nuevos comienzos.
Pachalo’s Big Band pertenece a esa conversación. Esta ciudad ha sido históricamente un puerto de entrada para sonidos, culturas, músicos e historias que llegan desde distintos lugares y terminan mezclándose con lo que somos.
Barranquilla tiene esa capacidad.Aquí las músicas no necesariamente llegan para quedarse intactas, llegan para encontrarse, y en ese encuentro aparecen nuevas formas de escuchar. Por eso, cuando Pachalo’s Big Band suba al escenario junto a Aymée Nuviola, habrá mucho más que una gran banda acompañando a una cantante, habrá una historia de Caribe, una historia de movilidad, una historia de músicos que encontraron en esta ciudad un territorio desde donde continuar haciendo sonar su tradición. Y eso también es patrimonio.
La llegada de Aymée Nuviola a este escenario también permite mirar hacia Cuba desde Barranquilla, pero no desde la distancia de quien observa una tradición ajena, sino desde la cercanía de quienes han hecho de la música un territorio común. La artista cubana se encontrará con una orquesta que, aunque conserva en su origen la memoria de Cuba, está conformada mayormente por músicos locales y dirigida desde esta ciudad, lo que convierte la presentación en una experiencia de intercambio cultural en la que el Caribe cubano y el Caribe colombiano podrán reconocerse en sus semejanzas, sus diferencias y, sobre todo, en esa capacidad compartida de convertir la música en una forma de identidad.

Y después llegará el gran Yuri Buenaventura, una de esas voces colombianas que aprendieron a llevar el territorio consigo aun cuando la vida las condujo lejos de él. Su presencia junto a la Yuri Buenaventura Big Band, dirigida por Andrés Gómez, completa una noche en la que distintas expresiones del Caribe y del Pacífico colombiano, junto con la herencia cubana, podrán encontrarse bajo el lenguaje de las grandes orquestas.
Porque hablar de Yuri Buenaventura es hablar de una música que ha sabido llevar la identidad colombiana a escenarios internacionales sin desprenderse de la emoción de su tierra. Su salsa tiene una manera particular de contar el amor, la nostalgia, la ausencia, la alegría y la vida.
Pero también tiene memoria. Tiene territorio. Tiene esa capacidad de convertir una canción en una historia que puede ser entendida incluso por quien nunca ha pisado el lugar donde nació. Y quizás esa sea una de las grandes virtudes de la música popular latinoamericana: consigue viajar sin perder el acento. Yuri Buenaventura llega entonces a esta celebración de las grandes orquestas como otra pieza de un enorme mosaico cultural.
Yuri no llega solamente como un intérprete invitado. Su trayectoria está profundamente asociada con la manera en que la música colombiana puede viajar por el mundo sin desprenderse de sus raíces, y su encuentro con una Big Band en Barranquilla plantea otro diálogo interesante: el de una ciudad caribeña recibiendo la fuerza sonora del Pacífico a través de un formato orquestal que, por su propia naturaleza, exige precisión, escucha colectiva y una enorme capacidad de diálogo entre los músicos.
Quizás allí esté una de las mayores riquezas de esta programación: no en reunir nombres conocidos sobre una misma tarima, sino en permitir que esos nombres hagan parte de una historia más amplia sobre la música que se mueve, se encuentra y se transforma.
Aymée Nuviola con Pachalo’s Big Band y Yuri Buenaventura con su Big Band representan dos caminos diferentes que terminan encontrándose en Barranquilla, una ciudad acostumbrada a recibir sonidos del mundo y a devolverlos convertidos en parte de su propia fiesta.
DOS VOCES, DOS TERRITORIOS, UNA MISMA CORRIENTE
Aymée Nuviola y Yuri Buenaventura vienen de historias diferentes. Sus geografías son distintas. Sus experiencias también.
Pero existe algo que los une: ambos entienden la música como una forma de identidad y comunicación.
Y eso es precisamente lo que hace interesante este encuentro. No se trata de comparar. No se trata de decidir cuál tradición es más importante.
Se trata de escucharlas dialogar. Porque cuando una ciudad como Barranquilla recibe una voz cubana y una voz colombiana de raíz pacífica, está haciendo lo que históricamente mejor sabe hacer: abrir las puertas para que las culturas se encuentren. Y en ese encuentro todos terminamos aprendiendo algo.
El Barranquilla Grande Big Band Fest, creado por Giovanni Lanzoni Osorio con el apoyo de la Alcaldía de Barranquilla, nació además con una intención que va más allá de la programación artística: acercar a niños, jóvenes y familias al formato de las grandes orquestas y contribuir a que la música instrumental encuentre nuevos espacios de formación y escucha. El propio Lanzoni ha planteado el festival como un primer paso hacia procesos de formación que puedan acercar a las nuevas generaciones a este universo musical.
Esa dimensión pedagógica resulta especialmente importante porque detrás de cada Big Band existe una escuela de escucha. Hay jóvenes que necesitan descubrir que detrás de una canción también existen arreglos, secciones de vientos, percusión, piano, bajo, dirección y una cantidad enorme de oficios musicales que pocas veces alcanzan el primer plano, pero que sostienen la experiencia sonora. El festival incorpora precisamente una agenda académica en la Fábrica de Cultura, ampliando la experiencia más allá del concierto y proponiendo otros espacios de acercamiento al conocimiento musical y alli estuvimos aprendiendo, escuchado historias y experiencias de sus protagonistas y preparados los Malangueros para disfrutar una noche seguramente inolvidable.
Como gestora cultural, encuentro en esa escena algo que va más allá del espectáculo. Me interesa la historia que hay detrás de esos músicos, el territorio que los ha reunido y la manera en que una ciudad puede convertirse en punto de encuentro para distintas formas de entender la música. Porque cuando una agrupación de origen cubano se arraiga en Barranquilla y empieza a construir su sonido con músicos de aquí, también está contando una historia sobre migración, intercambio, aprendizaje y pertenencia; y cuando Aymée Nuviola entra en escena para encontrarse con ellos, esa historia adquiere una nueva voz. Y cuando Yuri Buenaventura aparezca después, el mapa sonoro se ampliará todavía más.
Cuba, Barranquilla y el Pacífico colombiano estarán unidos por un mismo lenguaje orquestal, demostrando una vez más que la música tiene esa capacidad extraordinaria de acercar territorios que geográficamente parecen distantes, pero que culturalmente llevan mucho tiempo conversando.
Tal vez esa sea la verdadera dimensión de una noche como esta: no solamente escuchar grandes artistas, sino reconocer todo lo que tuvo que suceder para que pudieran encontrarse aquí. Detrás de Aymée está Cuba; detrás de Pachalo’s Big Band está una historia de raíces cubanas que encontró casa en Barranquilla; detrás de Yuri está el Pacífico colombiano y una trayectoria que convirtió la música en una forma de llevar la memoria consigo. Y en medio de todos ellos está Barranquilla, una ciudad que vuelve a demostrar que su mayor patrimonio también está en su capacidad de recibir, mezclar, escuchar y celebrar las músicas del mundo.
Por eso, el cierre del Barranquilla Grande Big Band Fest no será solamente una noche de grandes orquestas. Será una conversación musical entre territorios, generaciones y memorias, una de esas noches en las que Barranquilla no solamente escucha la música que llega, sino que también demuestra que sabe convertirla en parte de su propia historia.

