No todos los encuentros se olvidan. Algunos se quedan habitando en la memoria como una canción que no deja de sonar.
A Gustavo García —“El Pantera”— no lo conocí en una tarima, ni en medio de aplausos, ni bajo luces. Lo conocí en silencio. En un café cualquiera de una Bogotá fría, de esas que parecen detener el tiempo. Afuera, la ciudad corría; adentro, algo mucho más importante estaba por comenzar.
Recuerdo su mirada antes que sus palabras. Profunda. Serenamente intensa. Como si hubiera visto demasiado y, aun así, decidiera seguir creyendo. Ahí entendí su apodo.
Hay hombres que imponen respeto. Él no. Él lo genera sin proponérselo. A su lado estaba Paula Catalina, no como su manager actual, no solo como acompañante, sino como raíz. Como equilibrio. Como esa presencia que sostiene sin necesidad de hablar demasiado.
Bastaron unos minutos para entender que, en esta etapa de su vida, ella no es solo amor: es dirección, es hogar en medio del viaje.
Lo que siguió no fue una entrevista, fué una conversación honesta, sin filtros, sin poses. El Pantera no habla para impresionar. Habla como vive: con verdad.
Y entre historias, recuerdos y confesiones, me encontré no con la figura mítica que todos conocen, sino con el ser humano que pocos han escuchado. Ahí nació algo más que una nota. Nació un vínculo.
La noche en que Bogotá dejó de ser fría
Al día siguiente lo vi en su territorio natural: la tarima.
Salsa al Parque 2025, lo que pasó ahí… no se explica fácil.
Más de 30 mil personas vibrando como si cada golpe de trombón fuera una llamada interna. No era solo música. Era algo más profundo. Algo que se metía en el cuerpo y no pedía permiso. Cuando sonó Son Catalina entendí que su sonido no pertenece a ninguna época. El sonido panterezco no envejece. Se transforma.
Bogotá, por una noche, dejó de ser fría. Se volvió Caribe. Se volvió memoria. Se volvió raíz. Y yo, entre el público, sonreía. Porque ya no estaba viendo a un artista. Estaba viendo a alguien que había aprendido a conocer, estaba viendo una leyenda viva de la salsa Colombiana que con sus enérgicos movimientos en tarima, su seguridad y con solo su mirada a la Orquesta , todo se transformaban en «Magia».
El origen de todo
Con el tiempo, fui entendiendo mejor de dónde venía todo eso. Calamar, Bolívar. 1954, no es un dato biográfico, es clave.
El Pantera nació en un territorio donde la música no se estudia: se respira. Nieto de cantaora, hijo de un saxofonista que recorría el río Magdalena llevando su Big Band de pueblo en pueblo… su casa era una escuela sin paredes. Un patio lleno de músicos. Un carnaval permanente. A los 16 años ya estaba grabando en Discos Fuentes. Y sin saberlo, estaba empezando a escribir una parte fundamental de la historia de la salsa colombiana.
La historia que no les contaron a todos
Pero hay cosas que no salen en los titulares. Su carrera fue enorme… y al mismo tiempo invisible para muchos.
Inició en 1970 tocando trompeta, trombón en el año 1972 hizo su primera grabación con Onda Panamericana y en el año 1973 llegó a Fruko y sus Tesos, en 1978 hizo la producción Banda de los Felinos. Nunca firmó contratos. Nunca negoció su esencia. Y eso, en esta industria, se paga caro. Su disco Pantera (1979) —una obra adelantada a su tiempo— no fue entendido. Se dudaba que un colombiano pudiera sonar así. Hoy ese mismo disco es una joya de colección. La historia, como siempre, se corrigió sola.
Pantera hasta el 2018 lanzó su grabación en vivo con Afro Cachaco con el que reivindica su versatilidad en la composición, arreglos y voz.
Volver sin haberse ido
Hemos compartido más tiempo en Barranquilla, caminamos la ciudad, buscando un buen jugo de corozo, una empanada mitica sin arroz, visitamos lugares, hablamos sin prisa.
Ahí confirmé algo que ya intuía: El Pantera nunca se fue. Solo cambió de ritmo.
Hoy lidera nuevos procesos, conecta con jóvenes músicos, crea desde otro lugar. Su energía es distinta, pero igual de potente. En calamar sueña con la creacion de una casa cultural para enseñar a los niños la pasion de la musica, realizar intercambios con músicos internacionales y alejarlos de las calles, donde reciban formacion, alimentacion y unas mejores condiciones de vida. Ya se esta gestando y el impacto en la comunidad y su legado será para las generaciones venideras que con sus talentos inundaran de cultura y sonoridad el mundo.
“Soy más trombonista que nunca”, me dijo.
Y le creí. Porque hay frases que no necesitan explicación cuando vienen de alguien que ha vivido lo suficiente para sostenerlas.
El arte de permanecer
Vi también el documental. El Pantera, de Frank Benítez en abril del 2026, un esfuerzo que hice con la cinemateca del caribe ya que estos espacios son importantes, pero poco apoyados por la comunidad; sin embargo, asistieron amigos de prensa y gestores culturales y mi corazón sonrió pues verlo emocionado en un conversatorio interesante y posterior a la proyección nos contó anécdotas, historias y denotaba felicidad y gratitud.
Confieso que hubo momentos en los que no estaba viendo una película, sino recordando conversaciones. Miradas. Silencios.
Seis años de rodaje para contar una vida que no cabe en una sola narrativa. Premios, reconocimientos… sí, pero lo importante es otra cosa:
*Justicia* La deuda que se tiene con un músico lleno de pasión y talento por su sonoridad, una mezcla de caribe, y de toda Colombia y recordar a esta generación que existen leyendas vivas que no pierden vigencia, que simplemente conviven con nosotros y desconocemos sus logros que impactan aun en nuestros oídos, al escuchar sus creaciones que nos permitieron encontrar el amor por el ritmo, por la melodía, por las letras llenas de pasión, de respeto, de significado simple pero contundente.
Lo que viene
Está pasando una temporada en el Caribe, desde Calamar, está creando de nuevo, reencontrándose con sus raíces, con sus olores, su sol, su río, sus recuerdos de infancia, como si el tiempo no pasara, como si la música fuera, simplemente, su forma de seguir existiendo.
El 7 de mayo, sus obras de 1978 y 1979 volvió al mundo, remasterizada, de Relanzamiento y lista para ocupar el lugar que siempre mereció en un lanzamiento mundial digital y también en formato de LP en apoyo del sello discográfico de los hermanos Gutiérrez, quienes han tomado el proyecto en sus manos, y que llegara próximamente desde Europa para el deleite de los coleccionistas y Melómanos del mundo al igual que iniciará una gira por Europa para cautivar a los melómanos con su sonido Panterístico.
No puedo evitar sentir que esto no es un regreso. Es una reivindicación.
Estamos trabajando en actividades culturales en la ciudad de Barranquilla donde se realizarán sesiones de escucha en vivo de su música y a estilo de conversatorio interactuará con su público, también reuniones con Coleccionistas del Caribe, allí presentará el LP de la banda sonora de la Película el cual se encuentra disponible en MALANGA FUNDACION CULTURAL INTERNACIONAL .
Estoy segura que nos inundará con su prosa y el realismo mágico que deleita a quienes lo escuchan.
Epílogo
Hay artistas que se escuchan, y hay artistas que se viven. Gustavo García es de los segundos.
Y yo, que tuve la fortuna de encontrarlo en un café cualquiera, entendí algo que no se aprende en libros ni en discos: Las leyendas no siempre están en el pasado. A veces están sentadas frente a ti… tomándose un café, hablándote con calma…
Recordándote que la verdadera grandeza no hace ruido. . . Pero cuando suena… no se olvida jamás.






Respetada Chechi, el Pantera puede reclamar sus derechos, no importa que no tenga contratos, ni haya negociado su esencia, hay pruebas fácticas, evidencias y testimonios, con lo que él puede intentar reclamar.
Un aplauso de corazón para ti, por este extraordinario escrito. Abrazos
Excelente artículo, visibilizar personajes auténticos que han sido piezas importantes en el movimiento cultural de la región, es honrarlos como se merecen y motivarlos a continuar adelante no solo a ellos sino a la generación de relevo. Felicitaciones !
Artistas silenciosos, que exponen su talento con el alma, su nota musical será siempre única, e irrepetible
Excelente nota para un artista nuestro que no se le a dado el reconocimiento en vida, que realmente merece