En RÍO ARRIBA, Chechy Rosado conversa con un artista que convirtió las calles, las casas, los personajes y los recuerdos del Caribe en una forma de preservar la identidad

Por Chechy Rosado
Malanga Radio | RÍO ARRIBA — Especiales con líderes culturales de la Costa Caribe

RÍO ARRIBA: remar contra el olvido y darle voz a quienes mantienen viva nuestra memoria cultural.

UN HOMENAJE A QUIEN HA ENTREGADO SU TALENTO AL MUNDO

Hay artistas que pintan lo que ven.
Y hay otros que, además, intentan pintar aquello que el tiempo amenaza con borrar. Néstor Loaiza pertenece a esa segunda estirpe.

Su obra tiene algo de memoria, de nostalgia y de conversación con la ciudad. En sus acuarelas, acrílicos y murales aparecen las calles, las casas, los personajes y esos fragmentos de Barranquilla que alguna vez fueron cotidianos y que hoy necesitan de una mirada sensible para no desaparecer del imaginario colectivo.

Hablar con Néstor Loaiza es, de alguna manera, caminar por una Barranquilla que permanece escondida en la memoria.

Una Barranquilla de esquinas, de barrios, de fachadas, de colores, de historias familiares y de arquitectura. Una ciudad que él no observa únicamente como artista, sino como hombre que ha aprendido a reconocer en cada muro una posibilidad de contar quiénes somos.

Durante más de 38 años de trayectoria artística, Loaiza ha construido una relación profunda con el paisaje urbano y el patrimonio de su ciudad. La Alcaldía de Barranquilla lo reconoce como pintor costumbrista y destaca su trabajo con acuarela y acrílico en la recuperación de la memoria arquitectónica de la ciudad. Pero detrás del artista está también el maestro.

El docente que durante décadas ha entendido que enseñar arte no consiste únicamente en explicar una técnica, mezclar colores o dominar un pincel. Enseñar arte es, también, enseñar a mirar.

Y quizás allí reside una de las dimensiones más hermosas de su trayectoria: Néstor Loaiza no solamente ha creado imágenes; ha ayudado a formar nuevas miradas sobre el territorio.

PINTAR LA CIUDAD PARA QUE NO SE OLVIDE

Hay una frase que podría resumir buena parte de su universo artístico: Barranquilla es su tema, pero la memoria es su verdadero lienzo.

Desde sus primeras exposiciones, su trabajo ha estado vinculado con el paisaje urbano barranquillero. El archivo de El Tiempo registraba desde finales de los años ochenta su interés por barrios como Rebolo y Barrio Abajo, así como por la arquitectura y las transformaciones de la ciudad.

Años después, esa misma sensibilidad continúa apareciendo en sus obras.

En 2022, durante la exposición “En un lugar del Caribe”, Loaiza resumía su relación con Barranquilla desde un lugar profundamente personal: hablaba del amor hacia su ciudad y de esos recuerdos aparentemente sencillos —jugar bola de trapo, sentarse en una esquina, jugar dominó— que terminan convirtiéndose en parte esencial de nuestra identidad.

       Foto Universidad atonoma del Caribe.

Y es precisamente allí donde su obra adquiere una dimensión que trasciende lo estético. Porque una casa antigua no es solamente una casa. Es la voz de quienes alguna vez vivieron allí. Una calle no es solamente una calle. Es el escenario donde varias generaciones construyeron sus historias. Un barrio no es solamente un lugar geográfico. Es una manera de vivir, de hablar, de relacionarse, de celebrar y de reconocerse.

Eso es lo que Néstor Loaiza parece perseguir con sus pinceles: el alma que permanece detrás de las cosas.

CUANDO EL MURAL SE CONVIERTE EN MEMORIA VIVA

En los últimos años, su trabajo ha encontrado también en el muralismo una poderosa herramienta para dialogar directamente con la ciudadanía.

Uno de los ejemplos más recientes está en Barrio Abajo, territorio fundamental para comprender la identidad cultural de Barranquilla. Allí, Loaiza participó con la obra “Viejo barrio”, dentro de un proceso de intervención artística que reunió diferentes miradas sobre las raíces, las tradiciones, la ancestralidad y la memoria de la comunidad.

Y hay algo especialmente significativo en este proceso. El mural deja de ser una obra encerrada en una galería. Sale a la calle.

Se encuentra con el vecino que pasa todos los días, con el niño que pregunta quién aparece pintado, con el adulto mayor que reconoce una fachada, un personaje o una escena de su propia historia. Así, el arte comienza a cumplir una función social.

En el proyecto del Museo a Cielo Abierto de Barrio Abajo, Loaiza también participó como muralista y coordinador artístico. Allí defendió una idea fundamental: detrás de cada mural existe una estructura social y comunitaria capaz de fortalecer el tejido social y devolver orgullo a los habitantes del territorio.

Esa es una de las grandes lecciones de su obra: cuando el arte escucha al territorio, el territorio también comienza a reconocerse en el arte.

EL MAESTRO QUE ENSEÑA A MIRAR

Néstor Loaiza ha desarrollado una importante trayectoria como docente. Durante más de tres décadas vinculado a la Universidad Autónoma del Caribe, en áreas relacionadas con la expresión arquitectónica y las técnicas pictóricas.

También ha participado como artista y formador en procesos relacionados con la Escuela Distrital de Arte y Tradiciones Populares.(EDA)

Pero quizás enseñar, para él, sea algo mucho más profundo que estar frente a un tablero. Es acompañar. Es compartir secretos del oficio.

Es decirle a un estudiante que antes de pintar una ciudad debe aprender a caminarla. Que antes de representar un barrio debe aprender a escucharlo. Que antes de retratar una tradición debe comprender por qué esa tradición es importante para quienes la mantienen viva.

En tiempos en los que muchas expresiones culturales corren el riesgo de convertirse simplemente en imágenes para consumir rápidamente, artistas como Loaiza nos recuerdan que la cultura también necesita tiempo, contemplación y memoria.

Pero quizá una de las obras más importantes de Néstor Loaiza no está pintada sobre un lienzo ni ocupa una pared. Está en las personas a las que ha enseñado a mirar. Porque enseñar arte no consiste solamente en transmitir técnicas, hablar de composición, color, perspectiva o formas; también significa entregar una manera distinta de relacionarse con el mundo. Un maestro de verdad consigue que sus estudiantes comprendan que detrás de una casa antigua hay una historia, que una calle puede guardar los sonidos de varias generaciones y que un barrio, antes de ser un espacio físico, es una construcción de afectos, recuerdos y pertenencias. En esa tarea silenciosa de formar, Loaiza ha entendido que el arte también puede ser una forma de sembrar identidad. Su trayectoria docente en la Universidad Autónoma del Caribe hace parte de ese compromiso con la formación artística y con la sensibilidad de quienes algún día tendrán la responsabilidad de contar la ciudad desde sus propias miradas.

Y es precisamente allí donde su pintura encuentra una dimensión profundamente humana: Néstor no pinta solamente lo que ve; pinta aquello que teme que algún día dejemos de ver. Sus calles, sus fachadas, sus personajes, sus barrios y sus paisajes urbanos parecen decirnos que una ciudad también puede desaparecer lentamente cuando pierde la memoria de quienes la habitaron. Por eso sus murales adquieren otra lectura: no son únicamente intervenciones sobre el espacio público, son conversaciones abiertas con la comunidad. En proyectos como el Museo a Cielo Abierto de Barrio Abajo, su trabajo ha estado ligado a la idea de que el arte puede fortalecer el tejido social, generar apropiación del territorio y devolverle a la gente el orgullo por el lugar que llama casa.

EL CARIBE QUE CABE EN UN PINCEL

Hay algo profundamente caribeño en la obra de Néstor Loaiza. Está en el color. Está en la arquitectura. Está en los personajes. Está en las calles. Está en la nostalgia por una ciudad que cambia, pero que se niega a desaparecer completamente. Su pintura parece establecer un diálogo permanente entre lo que fuimos y lo que todavía somos.

Por eso su trabajo no se limita a reproducir edificios antiguos o paisajes urbanos. Hay una intención mayor: conservar aquello que la modernidad puede transformar, pero que la memoria se resiste a perder.

En sus intervenciones sobre la ciudad aparecen también lugares emblemáticos y escenas de la vida barranquillera. En el Callejón de Gases del Caribe, por ejemplo, su obra evoca el patrimonio arquitectónico del antiguo Prado y las formas de vida de otras épocas.

Y cuando uno observa esas imágenes, aparece una pregunta inevitable: ¿Cuánto de nuestra ciudad sobrevivirá si dejamos de contarla?

Quizás esa sea la pregunta silenciosa que atraviesa buena parte de la obra de Néstor Loaiza.

RÍO ARRIBA: UNA CONVERSACIÓN DESDE EL CORAZÓN

Por eso tener a Néstor Loaiza como invitado en RÍO ARRIBA no es solamente entrevistar a un artista plástico. Es encontrarnos con un hombre que ha dedicado buena parte de su vida a mirar el Caribe con otros ojos. Es hablar de arte, sí.Pero también de ciudad.De infancia.De barrios.De arquitectura.De memoria.De educación.De patrimonio.De familia.

De esas pequeñas historias que parecen insignificantes hasta que alguien decide conservarlas, por eso esta conversación tiene un significado especial para nosotros.

Porque RÍO ARRIBA nació precisamente para remar contra el olvido. Para buscar a quienes, desde diferentes territorios y disciplinas, mantienen encendida la memoria cultural de nuestra región.

Néstor Loaiza lo hace con pinceles. Con acuarelas. Con acrílicos. Con murales. Pero, sobre todo, lo hace con una convicción profundamente humana:

Que una ciudad también puede ser contada a través de sus recuerdos. Y cuando esos recuerdos quedan pintados en una pared, en una acuarela o en un lienzo, dejan de pertenecer solamente al artista. Se convierten en patrimonio de todos. Porque quizás el verdadero arte no sea solamente crear algo bello.

Lograr que alguien mire una imagen y recuerde quién es, de dónde viene y por qué vale la pena conservar la historia que heredó.

Y en Barranquilla, una ciudad que vive entre el río, el mar, la música, el carnaval, los barrios y las historias de sus habitantes, esa tarea adquiere una fuerza especial. Néstor Loaiza ha escogido el color para hacerla.

Nosotros, desde RÍO ARRIBA, escogemos la palabra. Y juntos nos encontramos en un mismo territorio: LA MEMORIA.

NÉSTOR LOAIZA EN RÍO ARRIBA

Un artista que pinta la ciudad, un maestro que forma generaciones y un creador que convierte la memoria de Barranquilla en patrimonio vivo.

Por eso conversar con Néstor Loaiza es también caminar por una Barranquilla que no siempre aparece en los mapas. Una Barranquilla hecha de colores, de patios, de fachadas, de Carnaval, de barrios, de historias familiares y de recuerdos que se niegan a desaparecer. Y mientras existan artistas capaces de convertir la memoria en color, la ciudad seguirá teniendo una manera de contarse a sí misma. Porque pintar también es resistirse al olvido. Y eso, en tiempos donde tantas cosas pasan demasiado rápido, es un acto de amor. 

Por Malanga Radio

Donde el Caribe Suena desde Barranquilla Colombia

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